La vuelta a la rutina tras períodos de vacaciones, cambios de etapa escolar o interrupciones prolongadas de las actividades habituales constituye un momento de especial relevancia emocional para los niños. Si bien suele asociarse principalmente a la organización de horarios y responsabilidades, este proceso implica también una reorganización psicológica y emocional que puede generar malestar, resistencia o síntomas transitorios de estrés. Comprender estos procesos resulta fundamental para acompañar adecuadamente a los niños y favorecer una adaptación saludable.
La rutina como organizadora emocional
Desde la psicología del desarrollo, la rutina cumple una función estructurante clave en la infancia. Los horarios previsibles, las actividades repetidas y los límites claros aportan sensación de seguridad, facilitan la autorregulación emocional y permiten al niño anticipar lo que va a ocurrir en su entorno. Durante los períodos de interrupción de la rutina (vacaciones, fines de semana largos, cambios familiares), esta estructura se flexibiliza, lo cual no es negativo en sí mismo, pero exige posteriormente un proceso de reajuste.
La dificultad aparece cuando la vuelta a la rutina se produce de manera brusca o sin acompañamiento emocional. En estos casos, algunos niños pueden experimentar ansiedad, irritabilidad, tristeza, dificultades para dormir, quejas somáticas (dolor de cabeza o de estómago) o conductas regresivas. Estas manifestaciones no deben interpretarse automáticamente como patológicas, sino como respuestas adaptativas ante un cambio significativo.
Respuestas emocionales frecuentes ante la vuelta a la rutina
No todos los niños afrontan este proceso de la misma manera. Las reacciones emocionales dependen de factores como la edad, el temperamento, las experiencias previas, el contexto familiar y el clima emocional del entorno. Entre las respuestas más frecuentes se encuentran:
- Ansiedad anticipatoria, especialmente relacionada con la separación de las figuras de apego o el rendimiento escolar.
- Desmotivación o apatía, vinculada a la pérdida de actividades placenteras propias del tiempo libre.
- Irritabilidad y baja tolerancia a la frustración, producto del aumento de demandas externas.
- Regresiones conductuales, como mayor dependencia, dificultades para dormir solos o conductas infantiles ya superadas.
Estas reacciones suelen ser transitorias y disminuyen a medida que el niño logra adaptarse nuevamente a la estructura cotidiana.
El rol del adulto como regulador emocional
El acompañamiento adulto resulta central en este proceso. Desde una perspectiva psicológica, los niños regulan sus emociones inicialmente a través de sus cuidadores principales. Por ello, la manera en que los adultos afrontan la vuelta a la rutina influye directamente en la vivencia emocional del niño.
Es recomendable que los adultos puedan validar las emociones del niño, reconociendo su malestar sin minimizarlo ni sobredimensionarlo. Frases que legitimen lo que siente (“es normal que cueste volver”, “entiendo que extrañes las vacaciones”) favorecen la elaboración emocional y reducen la ansiedad. Asimismo, transmitir seguridad y confianza en la capacidad del niño para adaptarse refuerza su sensación de autoeficacia.
Estrategias psicológicas para facilitar la adaptación
Desde el ámbito de la psicología infantil, se destacan algunas estrategias que pueden favorecer un afrontamiento emocional más saludable:
- Retomar la rutina de forma progresiva, ajustando gradualmente horarios de sueño, comidas y actividades.
- Anticipar los cambios, explicando con claridad qué sucederá y resolviendo dudas de manera acorde a la edad.
- Mantener espacios de disfrute, incorporando actividades agradables dentro de la nueva organización diaria.
- Fomentar la expresión emocional, habilitando al niño a hablar sobre lo que siente sin juicios.
- Sostener límites claros y consistentes, que aporten previsibilidad y contención emocional.
Estas intervenciones no solo facilitan la adaptación inmediata, sino que promueven el desarrollo de habilidades de afrontamiento útiles para futuras transiciones.
Referencias
- American Psychiatric Association. (2022). DSM-5-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed. texto revisado). APA Publishing.
- Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.
- Organización Mundial de la Salud. (2020). Salud mental del niño y del adolescente. OMS.
- Siegel, D. J., & Bryson, T. P. (2012). The whole-brain child. Bantam Books.