La infancia es una etapa caracterizada por transformaciones constantes. Cambios en el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social se suceden de manera continua y forman parte del proceso evolutivo normal. Sin embargo, además de estos cambios propios del crecimiento, los niños suelen atravesar modificaciones significativas en su entorno, como el inicio de la escolaridad, mudanzas, separaciones familiares, la llegada de un hermano o cambios en las figuras de cuidado. Acompañar adecuadamente estos procesos resulta fundamental para proteger el bienestar emocional del niño y favorecer una adaptación saludable.

Desde la psicología infantil, se reconoce que los cambios, aun cuando sean esperables o positivos, implican siempre una reorganización emocional. La manera en que el niño transita estas transiciones dependerá tanto de sus recursos internos como del acompañamiento que reciba por parte de los adultos significativos.

La vivencia infantil frente al cambio

Los niños no experimentan los cambios de la misma manera que los adultos. Su comprensión de la realidad está mediada por el nivel de desarrollo cognitivo y emocional, lo que puede generar interpretaciones parciales o confusas de las situaciones nuevas. Ante un cambio, es frecuente que aparezcan emociones como miedo, inseguridad, tristeza, enojo o ansiedad, incluso cuando el cambio sea objetivamente beneficioso.

Estas reacciones no deben entenderse como señales de debilidad o falta de adaptación, sino como respuestas emocionales normales frente a la pérdida de lo conocido. El niño necesita tiempo y sostén para integrar la nueva experiencia y construir sentido a partir de ella.

Estrategias psicológicas para acompañar los cambios

El acompañamiento emocional de los cambios en la infancia implica una actitud activa por parte del adulto. Desde una perspectiva psicológica, algunas estrategias fundamentales incluyen:

  • Anticipar el cambio, brindando información clara y adecuada a la edad del niño. Saber qué va a suceder reduce la incertidumbre y la ansiedad.
  • Validar las emociones, permitiendo que el niño exprese lo que siente sin ser juzgado ni corregido emocionalmente.
  • Sostener rutinas estables, que funcionen como anclajes emocionales en medio de la transición.
  • Favorecer la expresión simbólica, a través del juego, el dibujo o el relato, herramientas naturales de elaboración emocional en la infancia.
  • Transmitir confianza, mostrando seguridad y calma frente al cambio, sin negar las dificultades que puedan surgir.

Estas intervenciones no buscan eliminar el malestar, sino acompañarlo y transformarlo en una experiencia de aprendizaje emocional.

Cambios normativos y cambios vitales significativos

Es importante diferenciar entre los cambios normativos del desarrollo (como el crecimiento, la escolarización o el aumento de la autonomía) y aquellos cambios vitales más disruptivos, como pérdidas, separaciones o situaciones traumáticas. Si bien ambos requieren acompañamiento, los segundos suelen demandar mayor atención y, en algunos casos, intervención profesional.

En situaciones de cambios significativos, pueden aparecer conductas regresivas, dificultades emocionales persistentes o alteraciones en el funcionamiento cotidiano del niño. Detectar estas señales a tiempo permite intervenir de manera preventiva y evitar la consolidación de dificultades emocionales.

La importancia del tiempo y la singularidad

Cada niño transita los cambios a su propio ritmo. Comparar procesos, exigir adaptaciones rápidas o imponer expectativas adultas puede generar mayor malestar. Desde la psicología se enfatiza la importancia de respetar la singularidad de cada niño, reconociendo que la adaptación es un proceso gradual y no lineal. Acompañar implica estar disponibles, observar, escuchar y ajustar las intervenciones según las necesidades emocionales del niño en cada etapa del cambio.

 

Referencias

  • Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.
  • Bronfenbrenner, U. (1979). The ecology of human development. Harvard University Press.
  • Organización Mundial de la Salud. (2020). Salud mental del niño y del adolescente. OMS.
  • Rutter, M. (2012). Resilience as a dynamic concept. Development and Psychopathology, 24(2), 335–344.
  • Thompson, R. A. (2014). Stress and child development. The Future of Children, 24(1), 41–59.