Desde la psicología, la autoestima se define como la valoración global que una persona hace de sí misma, integrando percepciones sobre sus capacidades, su valía personal y su aceptación social (Rosenberg, 1965). En la adolescencia, la autoestima se encuentra en un proceso de reorganización debido a los cambios físicos, cognitivos y sociales propios de esta etapa.

A diferencia de la infancia, el adolescente posee una mayor capacidad de autorreflexión y pensamiento abstracto, lo que le permite evaluarse de manera más compleja, pero también más crítica. Esta mayor autoconciencia incrementa la sensibilidad a la opinión de los demás y favorece la comparación social como estrategia para definirse a uno mismo.

La comparación social como proceso normativo

La teoría de la comparación social plantea que las personas evalúan sus habilidades y características comparándose con los demás, especialmente en situaciones de incertidumbre (Festinger, 1954). En la adolescencia, este proceso es particularmente frecuente debido a la búsqueda de identidad y de pertenencia al grupo de iguales.

Compararse con otros puede tener efectos adaptativos cuando sirve como fuente de motivación o aprendizaje. Sin embargo, cuando la comparación es constante, rígida o se realiza con modelos poco realistas, puede generar insatisfacción personal y deterioro de la autoestima.

Redes sociales y comparación constante

En la actualidad, las redes sociales intensifican los procesos de comparación social en adolescentes. Estas plataformas suelen mostrar versiones idealizadas de la vida, el cuerpo y el éxito personal, lo que puede distorsionar la percepción de la realidad. Diversos estudios han señalado que una mayor exposición a contenidos comparativos en redes sociales se asocia con menor autoestima, mayor insatisfacción corporal y aumento del malestar emocional (Vogel et al., 2014).

La comparación en redes sociales tiende a ser ascendente, es decir, con personas percibidas como superiores en determinados aspectos. Este tipo de comparación puede reforzar sentimientos de inferioridad, especialmente en adolescentes con una autoestima frágil o en proceso de consolidación.

Consecuencias emocionales de la comparación social negativa

Una comparación social persistente y desfavorable puede contribuir al desarrollo de una autoestima baja y de creencias negativas sobre uno mismo. Estas creencias suelen expresarse en pensamientos como “no soy suficiente” o “los demás son mejores que yo”, que influyen directamente en la conducta y en la regulación emocional.

Desde la psicología clínica, se ha observado que la baja autoestima asociada a la comparación social se relaciona con un mayor riesgo de síntomas depresivos, ansiedad social y conductas de evitación, especialmente en adolescentes (Orth & Robins, 2014).

Promover una autoestima saludable

Fomentar una autoestima saludable implica ayudar al adolescente a construir una imagen de sí mismo más estable y menos dependiente de la comparación externa. Algunas estrategias psicológicas basadas en la evidencia incluyen:

  • Favorecer el autoconocimiento y la identificación de fortalezas personales.
  • Promover una visión realista y compasiva del error y del fracaso.
  • Reducir la centralidad de la comparación social en la valoración personal.
  • Fomentar el uso crítico y consciente de las redes sociales.
  • Reforzar la aceptación incondicional y el apoyo emocional desde el entorno.

Estas intervenciones contribuyen a fortalecer la identidad y a desarrollar una autoestima más resiliente.

 

Referencias

Festinger, L. (1954). A theory of social comparison processes. Human Relations, 7(2), 117–140.
Rosenberg, M. (1965). Society and the adolescent self-image. Princeton, NJ: Princeton University Press.
Vogel, E. A., Rose, J. P., Roberts, L. R., & Eckles, K. (2014). Social comparison, social media, and self-esteem. Psychology of Popular Media Culture, 3(4), 206–222.
Orth, U., & Robins, R. W. (2014). The development of self-esteem. Current Directions in Psychological Science, 23(5), 381–387.