El inicio de un nuevo año suele estar asociado a la formulación de propósitos orientados al cambio personal: mejorar el rendimiento académico, adoptar hábitos saludables, cambiar la imagen corporal o desarrollar nuevas habilidades. Aunque este fenómeno es común en todas las etapas de la vida, en la adolescencia adquiere características particulares debido a los procesos evolutivos propios de esta etapa y al contexto social en el que se desarrolla. Para muchos adolescentes, los propósitos de Año Nuevo pueden convertirse en una fuente significativa de presión psicológica, afectando su bienestar emocional y su autoestima.
La adolescencia como etapa de vulnerabilidad psicológica
La adolescencia es un periodo de transición marcado por cambios biológicos, cognitivos y psicosociales. A nivel psicológico, se produce una consolidación progresiva de la identidad personal, una mayor sensibilidad a la evaluación social y una búsqueda intensa de aceptación por parte del grupo de iguales (Erikson, 1968). Estas características hacen que los adolescentes sean especialmente susceptibles a comparaciones sociales y expectativas externas.
En este contexto, los propósitos de Año Nuevo no surgen únicamente de la motivación interna, sino que a menudo están influenciados por normas sociales, ideales de éxito y mensajes transmitidos por el entorno familiar, educativo y mediático. Cuando estos objetivos se perciben como imposiciones externas o como estándares difíciles de alcanzar, pueden generar sentimientos de insuficiencia, frustración y ansiedad.
El papel de la presión social y las redes sociales
En la actualidad, las redes sociales desempeñan un papel central en la construcción de expectativas durante el inicio del año. Mensajes relacionados con la productividad, la autoexigencia, el éxito académico, la mejora física o la “mejor versión de uno mismo” son frecuentes en estas plataformas. Diversos estudios han señalado que la exposición constante a este tipo de contenidos puede intensificar la comparación social y el perfeccionismo, especialmente en adolescentes (Fardouly & Vartanian, 2016).
Muchos propósitos de Año Nuevo en esta etapa se centran en aspectos como el aspecto físico, el rendimiento escolar o la popularidad social. Cuando los adolescentes internalizan ideales poco realistas, el incumplimiento de estos objetivos puede interpretarse como un fracaso personal, reforzando una autoimagen negativa y aumentando el riesgo de síntomas depresivos o ansiosos (Curran & Hill, 2019).
Autoexigencia, perfeccionismo y expectativas irreales
Desde una perspectiva psicológica, es importante diferenciar entre metas saludables y autoexigencia desadaptativa. La formulación de objetivos puede ser positiva cuando está alineada con las capacidades reales del adolescente y se basa en la motivación intrínseca. Sin embargo, en muchos casos, los propósitos de Año Nuevo se plantean de forma rígida, global y poco específica, lo que incrementa la probabilidad de abandono y malestar emocional.
El perfeccionismo desadaptativo, caracterizado por estándares excesivamente elevados y una autocrítica severa ante los errores, se ha asociado con mayores niveles de estrés, ansiedad y depresión en población adolescente (Hewitt et al., 2017). En este sentido, los propósitos de Año Nuevo pueden actuar como un detonante de este tipo de dinámicas psicológicas cuando no se acompañan de una visión flexible y realista del cambio personal.
Impacto emocional del incumplimiento de los propósitos
El abandono de los propósitos de Año Nuevo es un fenómeno frecuente en todas las edades. Sin embargo, en la adolescencia, la dificultad para alcanzar estos objetivos puede vivirse con una carga emocional especialmente intensa. El sentimiento de “haber fallado” puede reforzar creencias disfuncionales como “no soy capaz” o “nunca consigo lo que me propongo”, afectando negativamente a la autoestima y a la percepción de autoeficacia.
Además, algunos adolescentes pueden experimentar culpa o vergüenza al no cumplir con las expectativas propias o ajenas, lo que favorece la evitación, el retraimiento social o la desmotivación académica. Desde la práctica clínica, se observa que este tipo de experiencias, cuando se repiten, pueden contribuir al desarrollo de patrones de pensamiento negativos y a una relación poco saludable con el esfuerzo y el autocuidado.
Promover una relación saludable con los objetivos personales
Desde un enfoque psicológico basado en la evidencia, resulta fundamental acompañar a los adolescentes en la formulación de metas realistas, flexibles y adaptadas a su momento vital. En lugar de enfatizar el resultado final, es recomendable fomentar una orientación hacia el proceso, el aprendizaje y el bienestar emocional.
Padres, educadores y profesionales de la salud mental pueden desempeñar un papel clave ayudando a los adolescentes a:
- Diferenciar entre deseos propios y expectativas externas.
- Establecer objetivos específicos, alcanzables y revisables.
- Normalizar el error y el cambio como parte del crecimiento personal.
- Priorizar el autocuidado y la salud mental por encima del rendimiento o la imagen.
Desde esta perspectiva, el inicio de un nuevo año puede convertirse en una oportunidad para reflexionar, no tanto sobre lo que “debería cambiarse”, sino sobre qué aspectos contribuyen realmente al bienestar psicológico del adolescente.
Referencias
Curran, T., & Hill, A. P. (2019). Perfectionism is increasing over time: A meta-analysis of birth cohort differences. Psychological Bulletin, 145(4), 410–429.
Erikson, E. H. (1968). Identity: Youth and crisis. New York: Norton.
Fardouly, J., & Vartanian, L. R. (2016). Social media and body image concerns: Current research and future directions. Current Opinion in Psychology, 9, 1–5.
Hewitt, P. L., Flett, G. L., & Mikail, S. F. (2017). Perfectionism: A relational approach to conceptualization, assessment, and treatment. Guilford Press.